12 noviembre 2009

Mira lo que tengo...

Je je je.
Ya os contaré.

11 noviembre 2009

Wolfmother – “Cosmic egg” (2009)

Hay bandas noveles que por inspiración divina o por tener muchas entre las que escoger, reúnen un conjunto de canciones geniales en un disco que les lanza al estrellato de forma directa. Wolfmother es uno de esos grupos. La opera prima de título homónimo que sacaron en 2006 fue un éxito fulgurante. Todas y cada una de las canciones del disco eran pequeñas obras maestras con personalidad propia, con melodías increíbles, directas e intensas. El disco rebosaba pasión, fuerza y poderío. Su sonido setentero situado entre Black Sabbath y Led Zeppelin, por ese orden, la voz de Andrew Stockdale, muy cercana a la de Robert Plant, la gran cantidad de momentos de mucha intensidad, los cambios de ritmo y muchas otras cosas hicieron que ese discazo fuese uno de mis preferidos de 2006.
Pero el éxito de un primer disco no asegura nada.
Hay muchos grupos que después de un gran debut, sacan otro disco de mucha menos calidad pero que se vende tanto como el primero, sólo por inercia, y muchas veces se acaba por sacar un tercer disco que no vale una mierda y hasta aquí hemos llegao.
Léase el caso de Arctic Monkeys.
Me temo que esto es lo que pasa con Wolfmother. “Cosmic egg” no es gran cosa. Parece que han querido cambiar un poco, para no repetirse. El sonido es diferente, da la sensación de que la idea era depurar un poco el del primer disco, hacerlo más suave y escuchable para llegar a un público más amplio, pero sólo han coseguido perder la fuerza. Sí es verdad que suena más compacto, pero eso hace que no se diferencien con tanta claridad los instrumentos, en realidad es que es un poco confuso, y difuso.
Sobre las canciones diría que no hay ninguna que pudiese encajar por su calidad en el primer disco. Hay alguna cosilla que está bien, pero nada más. Estoy seguro de que “Cosmic egg” hubiese pasado totalmente desapercibido si no hubiese sido por el exitazo de su predecesor.
Además a Stockdale, que además de cantante es guitarrista, le ha dado por hacer solos de guitarra, lo que evidencia de forma clara sus carencias.
Una lástima, sobretodo para los australianos, que se quedan, una vez más, sin sucesores de ACDC. Ni Jet, ni The Casanovas ni Wolfmother pueden llevar ese galardón.

Muse – “The resistance” (2009)

Ya está aquí el nuevo disco de Muse.
Pues eso.
Este “pues eso” parece indicar que no estoy demasiado estusiasmado.
Es que no lo estoy.
La verdad es que no esperaba que sacasen un disco con la calidad de “Black holes and revelations”, pero sí esperaba que el nuevo tuviese más momentos brillantes, y sí que tiene algunos pero bastante pocos. La primera vez que lo escuché me entró un aburrimiento que rozaba la depresión. Pero por ser quienes eran me esforcé y lo escuché varias veces más, y sí, me entró un poco mejor, pero no se puede comparar con el anterior.
En realidad es más de lo mismo pero menos interesante. BHAR tenía alguna canción que no valía mucho, pero en el disco había varias genialidades como “Starlight” o “Knigths of Cydonia” que le daban al conjunto una calidad media muy pero que muy alta. En “The resistance” no hay ninguna canción de la calidad de esas dos, y hay bastantes temas prácticamente inescuchables, como por ejemplo los dos últimos cortes, dos bodrios insufribles en plan lírico que se hacen interminables. Eso sí, están bien situados al final, porque te los saltas y listo, justo al contrario que BHAR, que terminaba con la explosiva parte final de “Knigths of Cydonia”, uno de los mejores desenlaces de canción que he escuchado últimamente.
La música de Muse está compuesta casi en su totalidad en un tono muy épico, rollo que puede ser muy efectivo, pero si se abusa, lo épico puede transformarse en pomposo, y si no está hecho con la perfección necesaria lo pomposo puede pasar a ser empalagoso. Y justo eso es lo que pasa en buena parte de este disco, que si no fuese por unos cuantos momentos brillantes que te vas encontrando de vez en cuando la escucha sería verdaderamente difícil.
El cantante, Matthew James Bellamy, tiene la manía de alargar las vocales hasta ahogarse e imprimirles un poco de vibrato. Son dos recursos que están bien, pero si se usan siempre, de forma viciada, acaban por hartar. Eso también pasa en este disco.
En “The resistance” hay menos rock que en BHAR, y mucha más música clásica, pero no esa música clásica con poderío y enérgica como por ejemplo la que usa Nightwish en sus discos, no, a veces te parece que estés escuchando la banda sonora de una peli de Disney.
Eso sí, el disco, como el anterior, tiene una elaboración muy compleja en cuanto a arreglos y el sonido está bastante bien, pero si bien BHAR fue de mejor de 2006 “The resistance” no lo será de 2009.
En fin, está claro qué disco pondré que cuando quiera escuchar Muse.

Mortadelo y Filemón

¿Que por qué he puesto estas fotos aquí?
Pues por ninguna razón en especial, simplemente porque tenía ganas.
¿Verdad que molan?

RPWL – “The RPWL experience” (2008)

RPWL son un grupo alemán que me recuerda mucho a The Alan Parsons Project, y también tienen muchos toques floydianos. En algún sitio de la red se los sitúa en el punto intermedio entre rock progresivo clásico y el metal progresivo actual, a mí me cuesta un poco etiquetarlos como rock progresivo, quizá sea por el concepto que tengo de lo que es este estilo, que me parece que es un poco personal (el concepto) y un poco confuso, pero a mí me vale. Definir el estilo de un grupo, ya lo he dicho varias veces, puede ser bastante complicado y lioso.
El caso es que RPWL son un grupazo, y este disco en cuestión un discazo. Lo mejor son las melodías y esa manera de cantar dulce y melancólica, con una voz con mucho eco y unos coros estupendos, sobretodo en los estribillos, que en casi todas las canciones son geniales, repetitivos y pegadizos. Son melodías que transmiten sensaciones, pero lo que transmiten depende del receptor, del cuerpo en el que estén pegadas las orejas que lo escuchan.
Las canciones se alargan con partes instrumentales no demasiado complejas que hacen que en conjunto sea una música fácil de escuchar y muy agradable para los sentidos.
Es uno de esos discos en que lo mejor está al principio, los cuatro primeros cortes son realmente excelentes, pero a partir de ahí el nivel baja un poco, lo que no quiere decir que no se pueda escuchar hasta el final, ni mucho menos. Es caso es que cuando terminas de escucharlo no te cuesta nada volver a empezar desde el principio, y una vez, y otra, y otra, no muchos discos tienen esa facultad.
Discazo de RPWL, recomendado a todo el mundo.

!Melómano ha vuelto!!!!

Con dos cojones.
Mi gozo ha salido del pozo.
Su nueva dirección es http://melomano1010.blogspot.com/ y vienen más inspirados que nunca.
!Larga vida a la música!!!

27 octubre 2009

Camel – “Camel” (1973) y “Mirage” (1974)

¡Vaya descubrimiento! Hay que ver, se está acabando la primera década del siglo XI y acabo de descubrir un grupo de los setenta. Camel es uno de los grandes grupos de rock progresivo de todos los tiempos, y por la razón que sea no había llegado hasta mis oídos hasta ahora. Nunca es tarde. Son del estilo de Yes, le dan más importancia al aspecto estrictamente musical que a otra cosa, que es lo que a mí me gusta.
El grupo lo formaban en un principio Andrew Latimer (guitarra y voces), Peter Bardens (teclados y voces), Doug Ferguson (bajo) y Andy Ward (batería).
No se suelen salir del 4x4, pero no por ello las composiciones son menos interesantes. Las voces no son lo más importante, de hecho estuvieron probando cantantes y como no encontraron nada que encajase perfectamente en su música decidieron cantar ellos mismos.
Hay alguna canción lenta pero por lo general tienen mucho ritmo. Hay pocas canciones largas y predominan los desarrolos instrumentales, con o sin virtuosismo.
Dos pedazo de discos de Camel. La música que hizo este grupo sí que me da ganas de investigar en su discografía a ver qué encuentro, lo que con toda seguridad saldrá en este humilde blog.

Magenta – “Seven” (2004)

Otro pedazo de disco de este pedazo de grupo.
Aquí se hace ver mucho más la influencia de Yes, sobretodo en los coros, y bastantes veces en la guitarra eléctrica, que en ocasiones parece que estés escuchando al mismísimo Stever Howe. El guitarra está más fino que en “Metamorphosis”, lo demuestra en unos cuantos solos realmente espectaculares, sobretodo el de “Envy”, temazo increíble, de esos que son capaces de erizar el vello de todo el cuerpo. “Envy” es una canción de 10 minutos con aires folklóricos galeses digna de la banda sonora de películas como “El señor de los anillos”, ideal para escenas en las que sales Elfos, tiene un trozo instrumental en medio con un inocente solo de teclado que le quita un poco de gracia, pero este solo está rodeado de dos partes cantadas por la increíble Christina Booth y rematada por el impresionante solo de guitarra.
El sonido es un poco diferente a “Metamorphosis”, es más suave, no tiene aquellos toques metálicos, y es más medieval y acústico.
A pesar de la gran calidad instrumental que tiene este grupo tengo que destacar una vez más la voz de Christina Booth, sin duda la mejor voz femenina que existe actualmente. Aquí no exagero un ápice.
Música agradable, recomendada a todo el mundo, el que no le gusten las partes instrumentales no tendrá que esperar mucho para volver a escuchar la voz de Christina Booth.

The Tangent – “A place in the queue” (2006)

The Tangent es otra de las formaciones suecas fundadas por Jonas Reingold de rock progresivo en la misma onda de Karmakanic o The Flower Kings.
El disco tiene 7 canciones, pero entre ellas suman casi 80 minutos, hay dos que pasan de los 20.
Aquí se acercan más al jazz que en otras grabaciones, lo que con músicos como Krister Jonsson, guitarra también presente en Karmakanic, Andy Tillison y Sam Baine a los teclados, Theo Travis con los instrumentos de viento y Jaime Salazar a la batería, es un verdadero placer.
El sonido es muy cercano a The Flower Kings, agradable y sin estridencias, lo que permite diferenciar bien entre instrumentos y apreciar la calidad de los músicos, de los que destacaría a los teclados y al batería.
Los temas principales son los largos, bien compuestos, con partes diferencias y mucho virtuosismo, pero el dato curioso es una canción, “The sun in my eyes”, que parece un homenaje a la música disco negra de finales de los ’70, a lo Ergüinanfayar, muy bailable y díver.
También hay referencias de música clásica y como ya he dicho, jazzísticas.
Recomendado sólo a los amantes del género, puede resultar un poco pesado por los largos desarrollos instrumentales con poco ritmo y por la excesiva duración.

“La buena tierra” – Pearl S. Buck (1931)

Esta novela, como “Viento del este, viento del oeste”, está ambientada en la China de principios del siglo XX, es decir, en plena revolución, en plena transición de la China imperialista de la dinastía Ch’ing a la de Mao Tse Tung.
Es una fábula épica de un humilde labrador cuyo amor por la tierra sobrepasa cualquier otro sentimiento. La novela narra la historia de este labrador, Wang Lung, desde su juventud hasta su vejez, y describe con mucha intensidad la enorme miseria que provocaron las hambrunas de aquella época, siempre contrastada con las grandes diferencias entre clases sociales.
Wang Lung es prácticamente el único que tiene un nombre real, a los demás miembros de la familia los refiere como “hijo primero”, “hijo segundo”, “la pequeña tonta”, “el tío”, “el sobrino”, “el guardián”, “el anciano señor”..., lo que se agradece bastante, porque a nosotros los occidentales nos cuesta mucho diferenciar los nombres chinos, y una novela con muchos personajes puede ser un lío tremendo.
Es una historia amable, con momentos muy tristes y dramáticos pero intercalados con hechos felices y agradables, que hacen que su lectura no resulte un sufrimiento continuo.
Está muy bien, me ha gustado mucho, tanto como “Viento del este, viento del oeste”, la recomiendo a todo el mundo.