Los tunecinos Myrath, con su disco de debut “Hope” me dejaron alucinados (leer aquí), pero al igual que Indukti, su segundo CD me ha defraudado bastante. Han fichado un cantate, Zaher Zorgati, que canta espantosamente bien, y se dedica a exhibir sus cualidades con molestos agudos que no vienen a cuento. No pega nada. Prefiero mil veces las voces del disco anterior. En “Hope” se dejaban ver los toques árabes, pero en “Desert call” son mucho más frecuentes. Lo poco gusta y lo mucho cansa, un poco hace gracia pero tanto empalaga un poco.
También echo a faltar los cambios de ritmo que tanto me encandilaron, y el sonido, que no es tan potente, aparte de que las melodías son predecibles y convencionales. Creo que han estado un poco faltos de inspiración, posiblemente deberían haber esperado un poco para publicar y currárselo un poco más.
Sólo es una opinión personal.
Ahí va una foto del cantante, principal causante de mi desdicha.
La única manera de expandir los conocimientos sobre música, es escuchándola.
Este blog es de opinión, no informativo. Las opiniones suelen ser positivas, pero no siempre.
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12 mayo 2010
18 octubre 2009
Myrath – “Hope” (2007)
En una entrada anterior decidí solemnemente dejar de sorprenderme al descubrir nuevos grupos buenos originarios de países “raros”.Pues no.
Acabo de descubrir un grupazo procedente de Túnez.
De Túnez.
Sí, de Túnez.
Ahora mismo acabo de decidir que sigo estando abierto a sorpresas de todo tipo.
Este disco de Myrath, único hasta ahora de la banda, es sencillamente im-presionante. Es de los que enganchan desde la primera escucha, y si no que se lo digan a mi cuñao Jesús.
Aportan algo que tal como está el panorama es casi imposible, que es originalidad. Hacen un metal progresivo con un sonido poderoso y limpio que roza la perfección. Las canciones tienen complejas estructuras y desarrollos instrumentales con bastante virtuosismo pero sin resultar excesivo, lo que no quiere decir que a veces el guitarra y el teclado se ensarcen en espectaculares piques con solos alternativos a lo Dream Theater.
Pero, después de escucharlo unas cuantas veces, veo que a diferencia de muchos grupos de hoy en día le dan más importancia al ritmo que a la marcha. Su música no es sólo para escuchar, es para seguirla con todo el cuerpo, tampoco digo que sea bailable, pero escuchando según que pasajes del disco uno no puede dejar de imaginarse a dos moras vestidas de seda y repletas de jades y esmeraldas meneando el culo con gracia y sensualidad.
Y es que lo más curioso del grupo, lo que le da ese toque original, es esa mezcla de metal progresivo superpotente y de factura perfecta con grandes dosis de folklore árabe. Hay que escucharlo para saber de qué se trata.
Las voces recuerdan a veces a Linkin Park, que es lo que faltaba para acabar de rizar el rizo.
A veces duros, a veces tétricos, o melancólicos, o barriobajeros de alta escuela, o muy histéricos o muy relajados, o thrashers melódicos, a veces moros y a veces cristianos, pues no se cortan al meter entre un trozo metálico y uno árabe unos toques de salsa o de rollo latino a lo Carlos Baute, tal como suena.
Im-presionante. Es un discazo de los que hacen época, un poco difícil de escuchar para los que no estén acostumbrados al metal progresivo, aunque lo facilita un poco una baladita insertada en el disco al más puro estilo del heavy metal de los ’80.
Después de “Who’s the boss in the factory” de Karmakanic es lo mejor que ha llegado a mis oídos en este alucinante 2009.
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